Por Mark John
3 abr (Reuters) – Ridiculizado por imponer aranceles comerciales a islas gélidas habitadas en gran parte por pingüinos, la fórmula de Donald Trump para calcular esos gravámenes tiene un lado serio: también está golpeando con mayor dureza a algunos de los países más pobres del mundo.
Las matemáticas son sencillas: se toma el déficit comercial de bienes estadounidense con un país, se divide por las exportaciones de ese país a Estados Unidos y se convierte en una cifra porcentual; luego se corta esa cifra por la mitad para obtener el arancel “recíproco”, con un piso del 10%.
Así es como el territorio volcánico australiano de la islas Heard y McDonald cerca de la Antártida acabaron con un arancel del 10%. Se podría decir que los pingüinos salieron indemnes.
Pero Madagascar -una de las naciones más pobres del mundo, con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de poco más de 500 dólares- se enfrenta a un arancel del 47% sobre los modestos 733 millones de dólares de exportaciones de vainilla, metales y prendas de vestir que realizó con Estados Unidos el año pasado.
“Presumiblemente nadie está comprando Teslas allí”, dijo a Reuters John Denton, jefe de la Cámara de Comercio Internacional (ICC), una referencia irónica a la improbabilidad de que Madagascar pueda aplacar a Trump comprando productos estadounidenses de alta gama.
Madagascar no es el único: la contundencia de la fórmula aplicada a economías que no pueden permitirse importar mucho de Estados Unidos conduce inevitablemente a un elevado recíproco: 50% para Lesoto en el sur de África, 49% para Camboya en el sudeste asiático.
“Los principales perdedores son África y el Sudeste Asiático”, afirmó Denton, añadiendo que la medida “arriesga dañar aún más las perspectivas de desarrollo de países que ya se enfrentan a un empeoramiento de sus relaciones comerciales”.
LOS PAÍSES RICOS TAMBIÉN SUFREN
Pero la fórmula también está sembrando la confusión entre los países ricos. Para la Unión Europea ha supuesto un arancel punitivo del 20%, cuatro veces superior al 5% que la Organización Mundial del Comercio calcula como tipo arancelario promedio de la UE.
“Así que, al menos para nosotros, es una inexactitud colosal”, dijo Stefano Berni, director general del consorcio que representa a los fabricantes de la especialidad de queso Grana Padano en Italia. “Hoy nos cuesta tres veces más entrar en Estados Unidos que a los quesos estadounidenses entrar en nuestro mercado”, afirmó en un comunicado.
Preguntado por su metodología, el vicesecretario de prensa de la Casa Blanca, Kush Desai, publicó en X que “calculamos literalmente las barreras arancelarias y no arancelarias” e incluyó una captura de pantalla de un documento de la Casa Blanca que establece el álgebra detrás de la fórmula.
Consultado en CNBC sobre cómo la administración Trump llegó a la fórmula, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, no la explicó directamente, pero dijo que los economistas del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) habían trabajado durante años en una métrica que reflejara todas las barreras comerciales establecidas por un país determinado.
Pero economistas de todo el mundo se apresuraron a señalar que los términos se anulaban entre sí de tal forma que podía reducirse a un simple cociente del déficit comercial de bienes sobre las exportaciones comerciales de bienes.
“Realmente no hay metodología”, dijo Mary Lovely, senior Fellow del Peterson Institute. “Es como descubrir que tienes cáncer y descubrir que la medicación se basa en tu peso dividido por tu edad. La palabra ‘recíproco’ es profundamente engañosa”.
Robert Kahn, director gerente de macroeconomía global de la consultora Eurasia Group, coincidió en que se produjo “una gran cantidad de este tipo de cifras sin sentido que no son materiales”.
“Envía una señal (…) de que nos estamos retirando de nuestras relaciones y alianzas con ellos y es un jarro de agua fría para muchos de nuestros aliados tradicionales”, dijo a Reuters.
Otros señalaron que también planteaba preguntas sobre la opinión generalizada de que Trump está lanzando un gambito de apertura en lo que serán discusiones individuales con países individuales que, en última instancia, verán los nuevos aranceles estadounidenses fuertemente reducidos.
“Estados Unidos ha elegido una metodología que es esencialmente mecánica”, dijo Stephen Adams, un exasesor comercial europeo que ahora trabaja para la consultora Global Counsel.
“Una cuestión práctica que plantea es si hay margen para negociar esto… Estados Unidos no ha identificado ninguna medida específica que pueda modificarse para convencer al presidente de que cambie de opinión”.
(Reporte y Escrito por Mark John, Reporte adicional de Giselda Vagnoni en Roma y Kate Holton en Londres, Editado en Español por Manuel Farías)