FRÁNCFORT, 27 feb (Reuters) – El Banco Central Europeo (BCE) concluyó el mes pasado que la inflación de la zona euro volvía a su objetivo, pero que seguía preocupando, lo que justificaba la cautela a la hora de señalar una mayor relajación de la política monetaria, según las actas de su reunión del 29 al 30 de enero.
El BCE recortó los tipos en enero por quinta vez desde junio e insinuó que podría haber una mayor relajación de la política monetaria, argumentando que la inflación estaba en camino de volver a su objetivo del 2% y que ya no era necesario restringir el crecimiento económico.
Tras la reunión de enero, algunas fuentes dijeron a Reuters que era probable que se produjera una nueva reducción de tipos en marzo, pero que cualquier medida que se adoptara a partir de abril sería objeto de un debate más acalorado.
“Los miembros coincidieron en que el proceso desinflacionista iba por buen camino”, dijo el BCE en su informe. “(Pero) había algunas pruebas que apuntaban a un cambio en el equilibrio de riesgos al alza desde diciembre”.
Añadió que algunos dirigentes monetarios abogaban por una “mayor cautela” en cuanto a la magnitud y el ritmo de los nuevos recortes de tipos, ya que estos se acercaban al nivel neutro que no estimula ni frena el crecimiento económico.
Los inversores esperan ahora que el BCE recorte el tipo de depósito otros 25 puntos básicos en su reunión del próximo jueves y que realice dos recortes más a lo largo del año, hasta situar el tipo de referencia en el 2% a finales de 2025.
Aunque el BCE no se comprometió explícitamente a nuevas bajadas de tipos, afirmó que el tipo actual seguía limitando el crecimiento y que era posible avanzar hacia un nivel más neutral si se controlaba la inflación.
“Mientras el proceso de desinflación siga su curso, los tipos de interés oficiales podrían acercarse más a un nivel neutral para evitar frenar innecesariamente la economía”, dijo el BCE en sus actas.
Es probable que el debate sobre los recortes más allá de marzo se intensifique en las próximas semanas, en parte debido a las tendencias opuestas que pueden tirar de la inflación en distintas direcciones.
La debilidad persistente del crecimiento económico y la fuerte ralentización del crecimiento salarial pueden moderar las presiones sobre los precios. Sin embargo, el aumento de los costes de la energía, la debilidad del euro y la inminente guerra comercial con Estados Unidos podrían empujar al alza los precios al consumo.
Las opiniones divergentes entre los “halcones” y las “palomas” del BCE —partidarios de subir y bajar los tipos, respectivamente— ya empezaron a aflorar en enero.
Isabel Schnabel, la dirigente de línea dura más prominente del Consejo de Gobierno, hizo hincapié en las encuestas que mostraban “un mayor riesgo de un rebasamiento de la inflación que de un repliegue a la baja” durante su presentación sobre la evolución del mercado.
Sin embargo, el economista jefe Philip Lane, que ilustró los últimos datos económicos y es considerado generalmente como un partidario de los estímulos monetarios, destacó que “las expectativas de las grandes empresas que conocían el objetivo de inflación del BCE mostraban una convergencia hacia el 2%”.
Otros miembros del Consejo de Gobierno, que no se citan en las actas, incluso señalaron que la inflación podría no alcanzar ese objetivo si la economía seguía comportándose peor de lo que esperaba el BCE.
(Información de Balazs Koranyi y Francesco Canepa; edición de Susan Fenton; editado en español por Benjamín Mejías Valencia)