Por Nicolás Misculin
BUENOS AIRES, 29 ago (Reuters) – El Gobierno ultraliberal de Javier Milei prometió vetar una ley que alivia la crisis de los hospitales públicos de Argentina, una decisión que cree necesaria para proteger el equilibrio fiscal pero que podría costar cara a su golpeada popularidad antes de unos comicios de medio término clave.
La imagen del mandatario se vio afectada a fin de la semana pasada por un escándalo de corrupción que podría involucrar a su hermana, Karina Milei, una funcionaria vital en el Gobierno, en momentos en que el Congreso -dominado por la oposición- aprobaba la ley de “emergencia pediátrica”.
La norma, que con un costo fiscal de 98 millones de dólares anuales favorece al icónico Hospital Garrahan, fue aprobada junto a un aumento de fondos para universidades públicas y otros servicios sociales de los que los argentinos se sienten orgullosos, que Milei había recortado apenas asumió el poder a fin de 2023.
Pese a ser medidas populares entre la población, el presidente de la derecha radical considera que podrían poner en riesgo su plan de austeridad fiscal simbolizado por una motosierra, que le permitió reducir drásticamente la inflación a casi un 30% anual.
Milei acusó a los legisladores de “romper el país promoviendo proyectos que buscan romper el equilibrio fiscal”. Una fuente oficial dijo que el Gobierno prevé esperar al final del plazo permitido de 10 días hábiles para vetar los proyectos.
Pero su decisión encierra un costo: encuestas recientes muestran una caída en la imagen pública de Milei -quien pondrá en juego buena parte de su capital político en los comicios de octubre- junto a una alta popularidad de causas como la del Hospital de Pediatría Garrahan, cuyos médicos perdieron más del 50% de su poder de compra desde fin de 2023 a manos de la inflación.
“Entrar a este hospital era entrar a la selección” de fútbol, recordó Santiago Weller, cirujano y jefe de Urología del Garrahan. “Pero el desfasaje salarial está llevando a un montón de gente a dejar el hospital; se desarman equipos de trabajo y se deja de dar atención de calidad”, se lamentó.
Un sondeo de agosto de la consultora Zuban Córdoba reveló que el 94,6% de los 2.000 encuestados tenía una imagen positiva del Garrahan, mientras que el 78,5% consideró que el reclamo de los trabajadores del hospital es apropiado.
“Milei paga costos frente a la opinión pública por el veto”, aseguró el analista político Lucas Romero, de la consultora Synopsis, que registró en agosto una subida de 6 puntos porcentuales en la imagen negativa del mandatario respecto de junio, a 54,2%.
Milei considera al equilibrio fiscal la columna vertebral de su plan, que implica también una apertura comercial y un dólar barato que pretende mantener con las inversiones frescas que el Gobierno espera que lleguen después de ganar los comicios de medio término, para los que el oficialismo parte como favorito.
Mientras tanto, el índice de confianza en el Gobierno elaborado hace años por la Universidad Di Tella se derrumbó un 13,6% este mes respecto de julio.
Si bien una victoria en octubre no le otorgaría mayoría en el Congreso, sí le permitiría bloquear iniciativas de una oposición dispersa, mayormente del peronismo de centroizquierda.
Los comicios tendrán una antesala difícil para el oficialismo con la votación de medio término de la provincia de Buenos Aires, en septiembre, de resultado incierto.
SÍMBOLO ANTI-MOTOSIERRA
Como consecuencia del ajuste, el Garrahan, un emblema del sistema de salud estatal situado en Buenos Aires, conocido por su experiencia en trasplantes de órganos y cirugías de alta complejidad, sufre una sangría de médicos.
En medio de una falta de actualización salarial que compense la alta inflación, el hospital ha perdido casi el 10% del personal este año, según dirigentes de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), con muchos cargos que no fueron renovados. Autoridades del hospital y del Ministerio de Salud no respondieron a la consulta de Reuters.
“Nos parece una aberración lo que está haciendo” el Gobierno, dijo a Reuters Pablo Wong, un cuentapropista de 46 años cuyos hijos siameses fueron separados hace 20 años en el Garrahan y hoy encuentran dificultades para continuar su tratamiento en otros hospitales públicos.
De acuerdo con la ONG Asociación Argentina de Presupuesto y Administración (ASAP), el presupuesto del Garrahan para 2025 se ajustó apenas un 10%, frente a una inflación prevista del 27,3%.
Nicolás Sticco, jefe del área de cuidados paliativos pediátricos del Hospital Austral -de gestión privada-, aseguró que tomó la “difícil decisión” de dejar el Garrahan en el 2024 por el derrumbe salarial. El pediatra destacó que un médico de su especialidad gana cerca del doble en el sector privado.
Los empleados que permanecen en el hospital se han visto obligados a buscar empleos complementarios, como la kinesióloga Fernanda Testoni, de 44 años, quien debe vender ropa en su tiempo libre porque gana menos de 1.000 dólares al mes. “El sueldo ya no me alcanza”, explicó.
Empleados de otros hospitales nacionales como El Cruce o Posadas describieron a Reuters problemas salariales semejantes.
“El sistema está crujiendo y hay una perspectiva de que el Estado no debiera inmiscuirse (…) Es inviable pensar el sistema de salud como un libre mercado”, destacó el experto Fernando Zingman, exjefe de Salud de Unicef Argentina.
El especialista alertó sobre reducciones presupuestarias en áreas sensibles de la salud pública como las de vacunas, prevención de embarazos, VIH y hepatitis.
De acuerdo con el sitio web World Population Review, los médicos argentinos son unos de los peores pagos del mundo, con un salario anual promedio de 19.983 dólares.
(Reporte de Nicolás Misculin, editado por Lucila Sigal)